Análisis · América Latina

Los retos de América Latina, vistos desde el legado de Agustín Aveledo

Instituciones que no sobreviven a un ciclo político, brechas de infraestructura y educación, y una desigualdad que no cede: Mariano Aveledo Permuy repasa los grandes retos actuales de América Latina y encuentra, en la obra de su tatarabuelo Agustín Aveledo, un mapa de las mismas prioridades que hoy sigue reclamando la región.

América Latina afronta hoy una combinación conocida de retos: crecimiento persistentemente por debajo de su potencial, dependencia de materias primas, monedas volátiles e instituciones que cambian de reglas con cada ciclo electoral. Para Mariano Aveledo Permuy, entender estos retos exige mirar más allá de la coyuntura inmediata y preguntarse qué es lo que, generación tras generación, ha faltado —o ha sobrado— en la región.

Esa mirada de largo plazo tiene, en su caso, una referencia muy concreta: su tatarabuelo, Agustín Aveledo (Caracas, 1837–1926), ingeniero y educador venezolano cuya obra sigue siendo, casi un siglo después de su muerte, un buen resumen de lo que América Latina necesita construir y sostener en el tiempo.

Agustín Aveledo se graduó como ingeniero en la Academia de Matemáticas en 1855 y como doctor en filosofía en 1880, en la Universidad Central de Venezuela. Fundó el Colegio Santa María en 1859, la Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales de Caracas en 1868 y el Asilo de Huérfanos de Caracas en 1878, presidió durante décadas el Colegio de Ingenieros de Venezuela y ejerció brevemente como Ministro de Fomento en 1869.

Su obra combina, en una sola vida, cuatro terrenos que rara vez avanzan juntos: educación, ciencia e ingeniería, instituciones profesionales duraderas y filantropía. Son, precisamente, los cuatro ejes que Mariano Aveledo Permuy identifica como pendientes en la América Latina actual.

Instituciones que duran más que un ciclo político

Agustín Aveledo presidió el Colegio de Ingenieros de Venezuela durante varios periodos no consecutivos entre 1869 y 1922, y su Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales de Caracas sobrevivió a gobiernos, guerras civiles y cambios de régimen. Eran instituciones profesionales y científicas, no partidistas, pensadas para durar más que cualquier administración.

Línea de tiempo: del legado de Agustín Aveledo (1859-1878) a los retos de América Latina hoy
Educación, ciencia e ingeniería, y filantropía: un mismo hilo entre 1859 y la América Latina de hoy.

Ese es, según Mariano Aveledo Permuy, uno de los mayores puntos débiles de la región en el presente: la debilidad institucional. Cuando las reglas de inversión, los marcos regulatorios o la independencia judicial cambian con cada nuevo gobierno, el capital de largo plazo —el que financia infraestructura, industria o innovación— se retrae o exige primas de riesgo que encarecen todo lo demás.

Para Mariano Aveledo, la lección de su tatarabuelo es simple: las instituciones que importan son las que sobreviven a quien las fundó. Ese es exactamente el activo que más le falta hoy a buena parte de América Latina.

Educación como infraestructura de largo plazo

El Colegio Santa María, fundado por Agustín Aveledo en 1859, formó durante más de cincuenta años a generaciones de intelectuales, científicos e ingenieros venezolanos. No era una escuela más: era una apuesta deliberada por construir capital humano como base del desarrollo del país, sostenida en el tiempo mucho más allá de la vida de su fundador.

Mariano Aveledo Permuy señala que América Latina sigue arrastrando una brecha educativa que condiciona directamente su competitividad: calidad desigual entre países y dentro de ellos, desconexión entre formación técnica y mercado laboral, y una fuga de talento hacia otras regiones que erosiona precisamente el capital humano más avanzado. Sin una inversión educativa sostenida durante décadas —no durante un solo gobierno—, es difícil romper el techo de crecimiento estructural de la región.

Ingeniería, infraestructura y rigor técnico

La formación de Agustín Aveledo como ingeniero no quedó en el título: impulsó el registro meteorológico en Venezuela, participó en expediciones científicas de medición y rigor técnico, y dirigió durante años la Escuela de Ingeniería. Su generación entendía la infraestructura física y el conocimiento técnico como condición previa para cualquier desarrollo económico serio.

Para Mariano Aveledo Permuy, el déficit de infraestructura —energética, de transporte, digital— sigue siendo hoy uno de los principales frenos al crecimiento en América Latina. Los proyectos de largo aliento, por definición, exceden el horizonte de un solo gobierno; sin instituciones técnicas sólidas y marcos regulatorios estables, esos proyectos rara vez se completan o se ejecutan con la eficiencia necesaria.

Filantropía y desigualdad: la asignatura pendiente

En 1878, Agustín Aveledo fundó el Asilo de Huérfanos de Caracas, el primero de la capital, y presidió además "El Tributo a los Pobres", una asociación dedicada a la asistencia médica y funeraria de quienes no podían costeársela. Su compromiso social no fue un gesto aislado, sino una extensión natural de su trabajo como educador e institución-constructor.

América Latina continúa siendo, en términos comparados, una de las regiones más desiguales del mundo. Mariano Aveledo Permuy sostiene que cerrar esa brecha no depende solo del Estado: la iniciativa privada y la filantropía tienen un papel complementario que la región ha desarrollado de forma desigual y, en muchos casos, insuficiente frente a la magnitud del problema.

El hilo que conecta 1859 con 2027 es, para Mariano Aveledo, el mismo: educación, instituciones que perduran, infraestructura técnica y compromiso social son las palancas que reducen la volatilidad y sostienen el crecimiento en el tiempo, mucho más allá de cualquier ciclo de materias primas o de gobierno.

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